LAS MUJERES Y LA LITERATURA

“Ojalá todas las mujeres escribiéramos (…) Sería una buena forma de llegar a compartir el poder”. Angélica Gorodischer

Este sector se diseñó como un pequeño living. En su interior se propone un recorrido por las mujeres escritoras a lo largo de la historia, a través de un documental audiovisual que reúne fuentes y testimonios, y de una amplia selección de literatura leída que el visitante puede escoger desde un menú y sentarse a escuchar.

Las asesoras Alejandra Correa y Karina Wroblewski describen con estas palabras los criterios utilizados para la exposición:

Durante el siglo XIX, la literatura, como toda actividad pública, estaba vedada a las mujeres. Ellas ejercieron su derecho a la escritura mediante el ardid de los seudónimos, o apropiándose de los géneros “privados”, las cartas y el diario íntimo. A partir de 1850, otras mujeres se animaron, a pesar de la resistencia del medio, y fundaron las primeras publicaciones periódicas femeninas, como “La Camelia” (1852, dirigida por Rosa Guerra), “La Aljaba” (1783-1863, dirigida por Petrona Rosende de Sierra), “La flor del aire” (1864, donde escribían Eduarda Mansilla firmando como “Daniel” y Juana Manso), “La Ondina del Plata” (1875-1880, donde colaboraron Juana Manuela Gorriti, Eduarda Mansilla y Lola Larrosa de Ansalmo), “La Alborada del Plata” (1877, fundada por Juana Manuela Gorriti) y “Album de señoritas” (1854).
A lo largo del siglo XX, las progresivas conquistas de los derechos femeninos, así como el desarrollo creciente de la industria editorial, fueron ampliando la participación de las mujeres en la literatura. No obstante, aún quedan cuestiones pendientes para lograr el justo reconocimiento de la contribución de las mujeres en la historia de las Letras en la Argentina.

Con relación al siglo XIX, se han seleccionado algunas piezas que ilustran los conceptos descriptos. En el prólogo a la reedición de la novela “Lucía Miranda” (1882), Eduarda Mansilla hace alusión al uso del seudónimo en esta obra de juventud y se declara “ahora en posesión de su verdadero nombre”. La importancia de los diarios íntimos es ilustrada a través de uno de los tomos manuscritos de Delfina Bunge, ejemplares en su género por su vastedad y su riqueza. Por último, un número de “La Camelia” evoca la importancia de las publicaciones mencionadas.

El crecimiento de la industria editorial está representado a través de una gran fotografía cenital donde se ve una profusión de diferentes libros de autoras mujeres publicados en diversos momentos del siglo XX.

Con relación a este siglo, las asesoras han destacado las marcas que en la literatura argentina dejó la represión ejercida por la última dictadura militar.

Laura Devetach se refiere de este modo a la censura y quema de libros:

“Tener prohibido un libro no era solamente eso, sino que era tener un Falcon en la puerta de tu casa, tener que pasar algunas noches afuera, temer por tu familia, encontrarte sin argumentos frente a los propios hijos que te decían: "Pero mami, ¿qué tiene de malo La torre de Cubos?". Claro, cómo explicarles lo que estaba mal en ese libro si para nosotros era la vida, lo que pensábamos de la vida.”

La pieza audiovisual incorporada a la sala, da cuenta de una historia de doscientos años donde distintas voces comparten un mismo espacio. Detrás de los testimonios se suceden los nombres de cientos de escritoras que, en las diferentes épocas, escribieron páginas de una misma historia

 

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