Es éste el único caso, en toda la exhibición, donde la palabra clave aparece en la señalética con signos de pregunta. El tono de duda resulta un contrasentido en el universo de las señales, distinguidas por la semiología como signos unívocos. La señal debe ser unívoca por su función performática: no puede haber ambigüedad en las convenciones del tránsito, o en la separación masculino-femenino de los baños públicos, por ejemplo. De modo que, si en todo el resto de la exposición, las palabras-señal cumplen su función normal (tal tema será tratado aquí), en este caso se ejerce sobre el cartel una acción curatorial, discursiva. ¿Belleza? quiere decir: queremos reflexionar acerca de la función performática del concepto de belleza, su capacidad para generar comportamientos sociales específicos.
En efecto, la eficacia de los modelos de belleza femenina ha sido testimoniada históricamente no tanto por su carácter de incuestionable sino por su aparente neutralidad. En verdad, las tipologías de la mujer bella son complejas construcciones donde el valor estético se encuentra imbricado con dictámenes de orden moral, sexual, social, político. Sin embargo, su éxito ha dependido de su capacidad para funcionar socialmente como convenciones inocuas. En la actualidad contamos con recursos para un análisis crítico. Diversas investigaciones han encarado el fenómeno de la moda, o los ideales de belleza femenina, desde perspectivas históricas, antropológicas o sociales. Los estudios culturales, y sibre todo la crítica feminista, han avanzado significativamente en la tarea de desnaturalización de ciertos mitos. La alarma frente al flagelo creciente de la anorexia y la bulimia ha generado conciencia, no sólo en el pensamiento científico o académico sino en el saber general, acerca de lo poco inocente que resulta un modelo corporal publicitado por los medios masivos de comunicación y las marcas de la industria de la moda.
El tema se desarrolla en dos áreas. En la primera, se sintetizan ciertas tipologías de belleza y comportamiento femeninos desde la historia de la moda y desde los discursos de la televisión y la publicidad. En este primer tramo el tono es más bien descriptivo, y si bien cierto sentido irónico puede desprenderse de la selección y el montaje de elementos, prima en las piezas una mirada tierna, incluso nostálgica.
Las mujeres y la moda 1810-2010, instalación mural, impresión fotográfica sobre telas
En el segundo sector el humor se vuelve ácido y aparece un tono de confrontación y denuncia. Rememoramos allí la acción gráfica del colectivo “Mujeres Públicas” que consistió en sabotear afiches comerciales de la calle, o algunos productos de supermercado, imprimiendo, sobre las promesas cosméticas de ciertas mercancías, las frases “Esta belleza duele” “Esta belleza oprime” “Este belleza discrimina”, etc. A su lado, las esculturas hiperrealistas de adolescentes anoréxicas realizadas por Martín Di Girolamo, no requieren explicación.
La capacidad del humor para desnaturalizar estereotipos tiene un antecedente ilustre en las imaginarias catástrofes producidas por los peinetones sobredimensionados de las damas porteñas en las litografías de Bacle, realizadas en 1834. De allí hemos tomado inspiración para realizar una pieza audiovisual que semeja un simple inventario de instrumentos de belleza pero que, a medida que avanza, la aceleración imprime sobre su discurso neutro y descriptivo un efecto torturante.
Mujeres Públicas, Esta belleza..., 2003, acción