AMOR Y MATRIMONIO

¿Quién diablos inventó el matrimonio indisoluble? No creo que esto sea cosa de Dios.
Mariquita Sánchez de Thompson 1854

El matrimonio por decisión conjunta de los cónyuges y, más aún, la relación entre matrimonio y amor, que hoy nos parece natural, son asuntos muy recientes en la historia. Aun durante el siglo XIX el amor como motor de decisiones era visto en cierto modo como una transgresión. Eran los padres los que decidían los matrimonios de los hijos, en una suerte de endogamia de clase que garantizaba la continuidad de bienes y de valores. El padre entregaba a la niña con una dote o “capital inicial” a un hombre generalmente mucho mayor que ella. Ya en 1838 una nota de “El Iniciador” calificaba esta costumbre -“una venta de la hija a quien mas dé”- de una verdadera “prostitución legal”. No obstante, entre las clases altas, varias fueron las mujeres que desobedecieron por amor, o por deseos de autonomía, a la autoridad paterna. En 1804 Mariquita Sánchez no dudó en llegar hasta el Virrey para defender su derecho a la relación amorosa que la unía con su primo, Martín Thompson. A veces, estas rebeldías llegaron a tomar perfiles trágicos, como en la historia de Camila O´Gorman.

En otro lugar de la exposición afirmamos que en la revolución cultural de los 60 el feminismo se volvió patrimonio general. Nos referimos a que la revisión de los hábitos y tabúes sociales que rigen la vida personal y cotidiana venían signando hacía mucho tiempo las luchas de las mujeres. También hacia 1968, Deleuze rescató el pensamiento de Spinoza. Y siguiendo este cauce filosófico no se trataría de indagar acerca de la esencia del ser humano, como cumplimiento de un deber, se trataría de distinguir entre modos de vida felices o infelices. También en otro lugar expusimos, a través de las palabras de HIJOS, que el amor es un arma poderosa. Aquí, entre un fragmento del periódico socialista La Vanguardia del 6 de Septiembre de 1902, que proclama a la familia como expresión del amor y la equidad, y la obra contemporánea de Andrea Cavagnaro, que combina la fuerza de una sentencia con la sensibilidad –algunos dirán “femenina”- del color y la textura afelpada de la tela, proponemos como eje de este espacio el amor y los sentimientos como fuerzas políticas que atraviesan el siglo.

Vanguardias

La Vanguardia, 6 de Septiembre de 1902.
Andrea Cavagnaro, Todo amor es poderoso, 2009.

Luego de recorrer este eje central, bajamos el tono de confrontación para hacer lugar al rescate de imaginarios y costumbres que han modelado la historia de la sensibilidad femenina y el sentimiento amoroso. Si bien se cuelan notas de humor, no hemos buscado aquí un tono de renegación o de ironía. La perpetuación de hábitos es también parte de la historia de las mujeres, y en ellos también debemos reconocernos.

Una primera sección se centra en el género romántico. En una vitrina, se exhiben las siguientes piezas: un folletín del siglo XIX, postales y cartas de amor de principios del 1900, un ejemplar de la revista Para Ti del año 1924, un ejemplar del “consultorio sentimental” de la revista Idilio que ilustró Grete Stern con maravillosos fotomontajes (1948), una pieza de radioteatro (“Ganándose la vida”, Radio Nacional, 1949), un ejemplar de las cinenovelas Suspiros de 1958, una revista Susy: secretos del corazón de 1971, una novela de Corín Tellado de 1983. Desde fines del siglo XIX y hasta nuestros días se desarrollan tipologías de consumo femenino, centradas en estereotipos románticos donde el sentimentalismo nutre un modelo de heroína pasiva que sufre las circunstancias cambiantes de la pasión o el despecho amoroso.

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Dos artistas contemporáneas dialogan con esta tradición. Frente al romanticismo popular ellas no proponen un distanciamiento intelectual sino una resignificación que fusiona la reflexión crítica y el homenaje.

Artistas contemporáneas

Carolina Katz, Intimidado por tus sentimientos, 2009.
Luján Funes, Miente al llorar,  2006, video.

Carolina Katz hace del llanto una performance teatral, y atesora lágrimas en una colección que combina la ternura femenina y la impiedad de un muestrario de laboratorio. “Miente al llorar”, de Luján Funes, rescata y resignifica pasajes típicos de la heroína sentimental en la historia del cine argentino.

Por supuesto, no falta en este film de Funes la muchacha que se sueña vestida de blanco. Este tema es abordado en la segunda sección. En un muro se presenta una secuencia de fotografías de novias: desde 1870, una por década, hasta el año 2000. Sin embargo, el correr del tiempo no imprime en estas imágenes cambio alguno. No obstante su nulidad legal, el ritual religioso de la boda continúa hasta la actualidad dominando los deseos y las proyecciones imaginarias de quienes contraen matrimonio, sean estos creyentes practicantes o no. Incluso, están vestidas de blanco dos mujeres que contraen matrimonio entre sí.

 

Una serie de piezas artísticas aborda este imaginario de la novia desde diversos ángulos.

Piezas artísticas: imaginario de la novia

Margarita Bali, Novia a la deriva, 2001, detalle.
 Kela Podestá, Ajuar II, 2009.
Mariana Dasso, Ramo de Novia I, 2007.

Margarita Bali propone una imagen flotante de alta carga poética. “El ajuar” de Kela Podestá combina el preciosismo de telas y bordados con alusiones inquietantes a elementos que parecen de tortura, de sujeción, de doma. El ramo de Mariana Dasso está hecho con apósitos femeninos, cuyas connotaciones corporales “corrompen” el blanco inmaculado.

Una serie de propagandas de décadas pasadas sugieren un interesante mapa de los “problemas” del matrimonio, ofreciendo desde seguros de dote hasta píldoras calmantes de las diversas “enfermedades” femeninas.

Amén de estas continuidades en el imaginario de la boda y de la novia, la institución del matrimonio ha sufrido transformaciones en el curso de la historia. Un texto de sala destaca que “en la Argentina, el Código Civil de 1869 transcribía, con relación al matrimonio, las mismas reglas que funcionaban hacía siglos: un lazo religioso indisoluble y la total incapacidad civil y jurídica de la mujer frente a la autoridad del marido, quien concentraba todo el poder de decisión sobre los bienes y sobre la descendencia. Cien años después que en Europa, en 1888 se legalizó el matrimonio como institución laica independiente del poder eclesiástico.” La ley de Unión Civil, promulgada por la legislatura porteña en 2002, que amplía algunos de los derechos del contrato conyugal a parejas del mismo sexo, ilustra el grado de transformación que afectó al concepto de matrimonio no solo como institución civil sino también en términos de mentalidades.

En paralelo a este panel, se encuentra otro, donde se resumen en orden cronológico las conquistas legales vinculadas a los derechos civiles, al matrimonio y la familia. En primer lugar el reconocimiento de la capacidad jurídica plena de la mujer mayor de edad cualquiera sea su estado civil, en 1968. Luego, la sanción, en 1985, de la Patria Potestad compartida y la igualdad de los hijos frente a la ley. En 1975 había tenido lugar un proyecto de ley presentado por la diputada María Cristina Guzmán que modificaba el régimen en curso de Patria Potestad. Aunque contó con la aprobación de ambas cámaras fue vetado por la entonces presidente María Estela Martínez de Perón. A continuación, la Ley de Divorcio Vincular efectivizada en 1987 que implica la igualdad jurídica para ambos cónyuges. En cuarto lugar se destaca la Ley de Protección contra la Violencia Familiar, de 1994, antecedente de la más vigorosa Ley de Protección Integral a las Mujeres para prevenir, sancionar y erradicar la violencia en su contra, sancionada en 2009. Por último, se menciona el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (2002).

En dicho panel asimismo se hace lugar a la demanda pendiente contra la penalización del aborto. “El texto actual del articulado del delito de aborto es el original del Código Penal de 1922. El inciso que consideró no punible la suspensión de embarazo originado en una violación fué derogado en 1984, restringiéndose sólo a los casos de violaciones de mujeres “idiotas o dementes”. Entre 1984 y 2004 se presentaron ante el Congreso Nacional más de una docena de proyectos de reforma de la ley actual, entre los que se destacó el de la diputada Florentina Gómez Miranda (1989). Sólo durante el año 2007 fueron presentados 17 proyectos.” Al pie del muro se lee el lema Ni una muerte más por aborto clandestino.  

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