Como afirmamos en la Introducción general, hemos tomado la división entre vida pública y vida privada como un puntapié para, precisamente, poder discutir la arbitrariedad de la misma.

En el ingreso al piso 2 nos reciben tres fotografías.

Huelga de Inquilino 1907Madre e hija de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 1982 Marcha por Kosteki y Santillán

Huelga de Inquilinos, Buenos Aires, 1907, AGN
Adriana Lestido, Madre e hija de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 1982.
Celeste Mandrut, Marcha por Kosteki y Santillán, Puente Pueyrredón, 2004.

Se trata de tres fenómenos políticos: la huelga de los inquilinos (1907), una marcha de las Madres de Plaza de Mayo (1982), una marcha en memoria de Kosteki y Santillán en Puente Pueyrredón (2004). En todas ellas, un grupo de personas ha tomado la calle para levantar las banderas de sus reclamos. Sin embargo, también, en primer plano, estas imágenes nos muestran a una mujer sosteniendo una escoba, a una madre que tiene alzada a su pequeña hija, a dos mujeres que mientras ríen y conversan, están tejiendo. Afirma Mirta Lobato: “algunas mujeres confiaban que lo importante era el logro de la igualdad con los varones; otras definieron lo que se consideraba específicamente femenino (el hogar y la maternidad) como herramienta para la acción política.”

Esta introducción abre directamente a la sala de madres en lucha donde, a partir del ejemplo de las Madres de Mayo, presentamos otros grupos de madres constituidos a partir de la voluntad de acción y resistencia frente a diferentes problemáticas sociales que han hecho cuerpo en sus hogares.

En el segundo ingreso al piso 2 se presenta el modelo de la familia moderna, anunciado como una tipología social que dejó -y deja- al margen de sus valores y de sus derechos a muchas personas.

Esta introducción abre directamente a la sala titulada  la vida en los márgenes. No quisimos que el llamado de atención sobre estos márgenes quedara reducido a un relato de victimización. Por el contrario, apelamos a ciertos protagonismos silenciosos que nos interpelan desde la construcción de modos de producción, de lazos y de valores diferentes a los que delimitan el ideal moral de la familia burguesa.

En tercer lugar, el famoso cuadro El himno se canta por primera vez en casa de Mariquita Sánchez de Thompson en 1813 oficia de puente hacia el pasado.

El himno se canta por primera vez en la casa de Mariquita, 1813

Pedro Subercasseaux, El himno se canta por primera vez en la casa de Mariquita, 1813, 1910, óleo sobre lienzo, Museo Histórico Nacional.

La comentada indistinción entre lo privado y lo público que caracteriza las acciones de las mujeres puede remontarse hasta los inicios de nuestra historia. Este óleo, realizado en la época del primer Centenario de 1910, integra en el Museo Histórico Nacional una sala dedicada a la invención de tradiciones y símbolos nacionales. Nosotros lo hemos elegido para mostrar otro matiz. La leyenda según la cual el himno se cantó por primera vez en la casa de Mariquita, más allá de su veracidad histórica, testimonia el modo en que las mujeres, antes de tener permiso social para ingresar en el espacio público, hicieron de su propio ámbito doméstico un escenario para intervenir en la política.

[Leer texto tertulias]

La misma figura de Mariquita, esta vez como mujer que se rebeló ante sus padres para exigir su derecho a casarse con quien amaba, nos sirve de puente para ingresar en el área trasera de este piso. Como afirmamos en la introducción, la rebeldía fundada en la intimidad de un sentimiento adquiere, en la sociedad del siglo XIX, un significado político. A partir de este ejemplo, se desarrollan en la exposición, transitando el devenir histórico, los temas vinculados al amor y al matrimonio. El espacio abierto por la proclama furiosa de Mariquita (“¿Quién diablos inventó el matrimonio indisoluble? ¡No creo que esto sea cosa de Dios!”) cierra con la sanción de la Ley del Divorcio y otras conquistas legales vinculadas a la revisión de la subordinación de las mujeres en el ámbito civil. 

Un último espacio, postulado como una suerte de trasfondo oscuro, toma por eje la violencia doméstica,y el abismo que aún existe entre los derechos proclamados por la ley y su validación efectiva en el campo de lo real.

Casa Nacional del Bicentenario 200bicentenario Nuestra Cultura Secretaria de cultura