
Manifestación organizada por el Partido Socialista, Buenos Aires,
noviembre de 1918, AGN.
Alicia D´Amico, Manifestación de mujeres, Buenos Aires, 8 de marzo de 1984.
La primera fotografía de la exposición muestra que, hacia 1918, el espacio de la política era aún de hegemonía masculina. Sin embargo, el punto de vista del fotógrafo destaca de la masa a una persona. Se trata de una mujer. Walter Benjamin afirmó que la fotografía no sólo registra el pasado sino que también anuncia el futuro. El siglo XX fue el escenario donde las mujeres se volvieron protagonistas de la historia política de su país.
Escribir la historia argentina desde el punto de vista de la participación de las mujeres implicaría, hoy, casi sin excepciones, aludir a todos los capítulos de esta historia. La situación actual es diferente a la que describía Elvira López en 1901 cuando afirmaba que “la historia que hoy se enseña no menciona para nada a la mujer”. Numerosos estudios y revisiones, en las décadas recientes, han desenterrado el silencio que recubría sus pensamientos y sus acciones. Una pieza introductoria señala esta constante presencia de las mujeres a lo largo de todos los períodos, desde las guerras de Independencia hasta nuestros días. La misma se articula en un relato lineal y comprehensivo.
No obstante, como hemos señalado en la Introducción, nuestro enfoque curatorial apunta –no a consignar todos los puntos de encuentro entre las mujeres y la política- sino a destacar qué fenómenos específicos ha generado, en el ámbito de la política, la acción de las mujeres o la perspectiva de una mirada femenina. En este sentido, las Madres de Plaza de Mayo constituyen un ejemplo inequívoco.
Carlos Villoldo, Ronda de las Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 1981.
A partir de esta idea, sin pretender ser exhaustivos, presentamos en este sector una serie de piezas visuales y audiovisuales organizadas alrededor de cuatro nudos temáticos.
Uno de ellos abarca la arena de las huelgas. Es cierto que, en términos generales, encontramos, a lo largo del siglo XX, la presencia de mujeres en incontables paros, protestas, tomas y acciones gremiales que sería erróneo pretender calificar en términos de género. Sin embargo, existen casos particulares de huelgas lideradas por mujeres. En ellos se concentra un documental que reúne textos, fotografías y fuentes de época utilizando recursos de animación digital. En términos de huelgas laborales, los dos ámbitos en que las mujeres adquirieron protagonismo fueron aquellos que contaban con una presencia mayoritaria de mano de obra femenina: la industria textil y la enseñanza. La huelga docente abre y cierra esta pieza que se desarrolla en bucle, ligando el primer reclamo de maestras registrado en nuestra historia (San Luis, 1881) a las actuales luchas gremiales. El porcentaje de presencia femenina en la docencia no ha cesado de crecer. El mundo textil, por el contrario, exhibe las crisis y transformaciones que ha sufrido la producción industrial en nuestro país. Pasamos de las primeras imágenes, con grupos reducidos de costureras y modistas, a la presencia masiva de mujeres, en la calle y en los gremios, a medida que nos acercamos hacia la época del primer peronismo. Luego, una pequeña secuencia de planos negros evoca los protagonismos –silenciados- de las mujeres en las luchas populares de fines de los 60 y principios de los 70. Entre la dictadura militar de 1976 y el modelo neoliberal de los 90, el aparato industrial fue completamente desarticulado. A partir del año 2000, en el movimiento de recuperación de fábricas en manos de los trabajadores y trabajadoras, se destaca la potencia de las ex empleadas de la textil Bruckman: este tema se aborda en otros dos puntos de la exhibición. Además de las huelgas laborales, hemos incluido en este documental la llamada “huelga de inquilinos” (1907), en la cual mujeres y niños protagonizaron el reclamo por la suba arbitraria de alquileres y resistieron los desalojos y la represión policial blandiendo escobas y baldes con agua caliente para defender sus hogares. Se trata de una imagen histórica cuyos ecos sobre el presente resultan vívidos.
Con relación a la historia de la militancia política de los años 70, hemos querido rescatar el papel de la perspectiva y la sensibilidad femeninas presentes en aquellas experiencias. Para ello, hemos recurrido al acervo de la historia oral, al modo en que la memoria de ese pasado refleja, tanto en sus momentos de fluidez y entusiasmo como en sus momentos duros y traumáticos, la puesta en juego de una subjetividad situada. En paralelo a un corto documental que evoca el marco general de la época, se suceden los testimonios de Alicia Sanguinetti, ex militante del ERP, Fátima Cabrera, ex catequista de la villa 31, Angela Urondo, hija del escritor desaparecido Francisco “Paco” Urondo y la periodista Norma Osnajansky.
En tercer lugar, hemos destacado los diversos protagonismos de mujeres en el horizonte de los movimientos populares emergentes con la crisis del modelo neoliberal menemista, a fines de los noventa. A partir de una edición de fragmentos de un documental de Malena Bystrowicz y Verónica Mastrosimone, hablan las piqueteras de Cutral Có y Plaza Huincul, General Mosconi y Ledesma. En paralelo, los fragmentos de un documental de Gustavo Laskier sobre la Asamblea de Colegiales muestran uno de los tantos casos en que las mujeres de diversos barrios se involucraron activamente en la reapropiación de los espacios comunitarios, a través de la toma de decisiones políticas y del trabajo en micro emprendimientos autogestionados.
Verónica Mastrosimone, retratos de mujeres piqueteras, 2002.
Por último, hemos tomado una de las historias que componen el film La dignidad de los nadies de Fernando Pino Solanas, la de las mujeres que se agruparon y lucharon contra la expropiación de las tierras y los remates que comenzaron en 1996. Hablan allí Lucy De Cornelis, Ana Galmarín, Norma Astorkia y Emma Martín, pero a través de ellas están presentes alrededor de 200 mujeres de clases medias empobrecidas que en La Pampa, Santa Fe y otras regiones del centro del país se organizaron y tomaron el himno nacional no como canto conmemorativo de un concepto abstracto de “patria” sino como arma de defensa de sus medios de supervivencia.
En el presente, resulta especialmente importante rescatar las voces de los pequeños productores, que han quedado al margen del conflicto entre el Estado y las corporaciones sojeras. Volvemos sobre este tema en otros puntos de la muestra. Aquí, en diálogo con la película de Solanas, la concepción de la tierra que preservan las mutiladas comunidades originarias de la Argentina, resulta iluminadora. Dice una mujer mapuche:
Lo terrible de esto no es a cuánto se venda, sino que se venda. ¿Cómo es posible que de un día para otro los lagos, los ríos, puedan ser propiedad privada? ¡Las montañas! ¿Cómo puede una persona adjudicarse la propiedad sobre una montaña?¿Y cómo nosotros podemos naturalizar eso y creer que es cierto, que esa persona es dueña de esa montaña, que es dueña de aquel volcán, que es dueño de aquel lago? ¿Cómo podemos creer que un papelito le puede adjudicar la propiedad a esa persona? ¡Y respetarla! Eso es un verdadero disparate... Contra eso nos oponemos.
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En un extremo de la sala, hay una proyección en la que se desarrolla una secuencia de alrededor de cincuenta frases enunciadas o escritas por diferentes mujeres desde principios de 1800 hasta hoy. Elegir el lenguaje y no la imagen visual como medio implicó varias decisiones curatoriales. En primer lugar, es un modo de evitar el estereotipo cultural que reduce a la mujer a una imagen muda o pasiva y, en cambio, destacarla como productora de pensamientos políticos propios. En segundo lugar, el retrato ha funcionado como un género de selección que ha discriminado siempre entre algunas heroínas reconocidas, o mujeres con nombre propio, y las muchas que han actuado colectivamente o desde el anonimato. Destacar sus palabras por sobre sus efigies ha sido un modo también de ensanchar esta perspectiva. En esta pieza hablan desde líderes políticas hasta piqueteras, desde personalidades de la cultura hasta referentes de los pueblos originarios, desde feministas militantes hasta mujeres comunes que se expresan desde su experiencia cotidiana. Las mujeres ensanchan los límites de la arena política hasta el espacio privado de la casa, hasta la profundidad del corazón y los afectos. Por otra parte, lo que dicen, muy probablemente, no hubiera sido dicho por un varón. La acción política es reclamada desde otras urgencias, desde los hijos y la maternidad, por ejemplo. Este grado de necesidad implica a veces intensidades particulares, un arrojo singular. La defensa de ciertos ideales es recurrente: la solidaridad, la equidad, el antibelicismo, y –por sobretodo- el reclamo por sostener, aún en la lucha más encarnizada, el derecho a seguir siendo mujeres. El derecho a la diferencia.